EL SUEÑO DEL TESORO ESCONDIDO

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Una vez, hace muchos años, tuve un sueño: en algún lugar, bajo alguna piel todavía lejana, había un tesoro escondido. Si llegaba a poseer esa piel, si llegaba a entrar en ese corazón y hacerlo mío, este derramaría un néctar dorado y caliente que me transportaría al Paraíso. Solo tenía que quedarme allí, acurrucado y libar de la miel.

A cambio, yo le entregaría la mía, con mucho cuidado (eso sí) de no excederme, de dar en la justa medida. También, si se diera el caso y el néctar tuviera la calidad adecuada, podría firmar un contrato de usuario exclusivo del mismo, estipulando objetivamente los términos en los que la otra parte (la del tesoro) tendría acceso a mi néctar, y prohibiendo terminantemente el acceso a otras fuentes de riqueza.

En estas cosas del amor, que es como se llama el tesoro, conviene andarse con ojo y ser precavido. Lo que se da no vuelve. El que se entrega del todo se arrepiente. Hay que reclamar constantemente derechos y obligaciones...

Así era el sueño.

Un terrible sueño jurídico en el que el amor era una quimera, sí, pero convenientemente regulada. También era un sueño económico porque el sujeto de esta transacción, se consideraba, como el dinero, un bien por naturaleza escaso.

El caso es que, como otros muchos infortunados, me lancé pico y pala a la aventura de desenterrar el amor que se esconde en los corazones ajenos. Y a veces lo obtuve. Y siempre lo codicié.

Y siempre se esfumó.

Como si fuera una sustancia volátil que las leyes no conseguían mantener en su sitio. O un animal que no logra adaptarse a la comodidad, esa palabra que se parece tanto a cautividad.

Y un buen día, el mejor de los días, desperté del sueño.

Y me di cuenta de que yo era el tesoro.

PASANDO DE HALLOWEEN

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Lo confieso: tengo monstruos.

Tengo monstruos grandes y pequeños correteando continuamente por los pasillos de mi casa. Y en el dormitorio y en el cuarto de baño... No hay un solo lugar donde no me los encuentre a cada rato. No son la Momia, ni Drácula, ni el Hombre Lobo, ninguno de esos.

Son mucho peores.

Es como una invasión de zombies. Un Halloween que dura el año entero. En dos palabras:

¡Un coñazo!

Ya he escrito sobre ello otras veces. Me encanta hacerlo. Contar sus hábitos, sus degeneradas costumbres, el control sutil (y no tan sutil a veces) que ejercen sobre nuestras vidas.

Te contaré cómo lo hacen, que es muy importante porque, ¡ojo!, la mejor arma que tienen es el despiste. Es decir, que a estos monstruos no los verás chorreando sangre por la comisura de los labios ni con tornillos en las sienes, ni con la cara verde, ni con siete ojos.

No. Esos eran los de antes, esta generación es mucho más lista. Son monstruos que han estudiado marketing y neurociencia y que saben que la mejor manera de controlarte es hacerse pasar por amigos, amiguísimos, tanto que al final terminamos confundiéndolos con nosotros.

Los monstruos de nuestra época son:

Amables.

Simpáticos.

Empáticos.

Muuuuy comunicativos.

Y extremadamente críticos.

Un día se instalan en el salón de tu casa (tu mente) y desde allí empiezan a dirigir el cotarro (tu vida) y ya no se van ni con agua caliente. Nunca. Never. Y lo peor es que tú no quieres que se vayan ya que, aparentemente se están enrollando divinamente contigo:

Te intentan proteger. Esa es su función, sí, no son del todo malos.

Te advierten contra gente, situaciones, "enemigos", problemas (esta palabra les encanta) y están siempre al acecho de lo que pueda salir mal, se trata de controlarlo todo.

Son como un chip, pegado a la oreja que no te deja de día ni de noche. Vamos, básicamente te hackean la mente y llega un momento en que haces solo lo que ellos quieren...

Y todo eso sin que te des cuenta.

Y esto lo consiguen, no porque sean muy feos y den mucho miedo, sino por todo lo contrario, porque se han infiltrado amigablemente en tu cabeza y te dicen cosas que parecen razonables.

La cuestión es que de repente un día caes en la cuenta de que te ríes poco. Muy poco. De que andas siempre enfadado, frustrado, resentido, molesto... y cada día es igual que el anterior.

¡Cuidado!

Si estás en esa fase, estas son las señales inequívocas de que tienes una plaga de monstruos en tu cabeza.

Es malo. Pero puede ser mucho peor. Pueden llegar a chuparte las ganas de vivir por completo. Pueden destrozarte el amor propio (¡se lo comen crudo!). Pueden machacarte la ilusión, convertirte en una persona amargada (¡esto les encanta y lo estudian en primero de Monstruo!).

Lo bueno de todo esto es que puedes contar con la ayuda de un experto en plagas monstruiles:

Un servidor.

¿Que qué es lo que me hace experto? Los conozco a la perfección. He vivido toda la vida con ellos, conozco sus miserias y sus puntos débiles. Sé como desmonstruosear una cabeza.

Y ahora voy a darte un pequeño consejo, solo uno porque el post ya es demasiado largo, pero dentro de unos días te daré otro, y luego otro, y otro más... hasta que no quede un solo monstruo.

Vayamos al tip, a la bala de plata para acabar con visitantes indeseados:

El ego (un conjunto, amasijo más bien de pensamientos sobre ti y sobre las cosas) es tu mayor monstruo y aunque no se ve, deja una huella de malestar a su paso. Y huele fatal.

Siempre que te sientas ofuscado, que critiques o juzgues duramente, que sufras por "lo que te hicieron", repasando en tu mente la película de los hechos, piensa que es el ego, no tú, el que está montando todo ese número.

¿Sabes? Tú no tienes nada que ver con la imagen que ese ego transmite de ti. No eres él. Eres un Ser básicamente encantador, lleno de amor y alegría, radiante, como esos niños ruidosos y risueños que ves corretear por el parque.

Esa persona seria que juzga duramente a la gente y las cosas, no eres tú.

Métetelo en la cabeza. Son solo tres palabras:

NO SOY YO.

Cuando sientas ese malestar en tu vida, date cuenta de que no eres tú el que está pensando. Vuelve al amor. Vuelve a la inocencia. La vida no es tan difícil como la ves.

Eso es solo un espejismo.

Cuenta conmigo. Te ayudaré a librarte de esa molesta plaga.

Veremos más estrategias para hacerlo en próximos posts.

Y mientras tanto, si quieres, puedes leer mi libro IMPARABLE donde encontrarás un verdero tratado de cómo vivir monstruo free durante el resto de tu vida.

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TÚ NO ERES UN CANGREJO (LO CREAS O NO...)

Lo creas o no, las similitudes entre nuestra forma de pensar y la de cierto tipo de cangrejo son alarmantes. Y no estamos hablando de temas filosóficos sino de una mera cuestión de espacio.

O de matemáticas, si lo prefieres. 

El cangrejo ermitaño usa una concha de caracol muerto para proteger su abdomen, que es más blando que el de otros crustáceos. 

Hasta aquí todo bien. El problema es que el cangrejo tiende a crecer, y la concha no. Y lo que hace para seguir cabiendo dentro de su caparazón es encogerse, bien encogidito. 

Llega un momento en que, por mucho que se encoja, es demasiado grande para seguir viviendo ahí y tiene que buscar un caparazón más grande que le dé cobijo o morir aplastado. 

No sé qué piensa el cangrejo ermitaño. Pero no me extrañaría que se identificara tanto con esa casa en la que vive que la viera como su cuerpo. Cuando está claro que él puede seguir creciendo, y debe seguir haciéndolo, por encima de esas dimensiones.

Y que tendrá que salir de ahí algún día para poder respirar plenamente en lugar de seguir sobreviviendo.  

Creo que todos tenemos algo en común con esta situación. Que nos hemos acostumbrado a entornos que nos "protegen", aunque llega un momento en que esa "protección" puede significar la muerte... 

En realidad, a diferencia del cangrejo, nosotros no necesitamos constantemente esa protección, esa parte dura (puede ser una situación o puede ser nuestro ego, aunque suelen ser ambas cosas a la vez), sino que podemos y debemos soltarnos de ella y aprender a confiar, aunque lo hagamos sobre la marcha. 

Porque, aunque a veces nos creamos cangrejos ermitaños, nuestra seguridad no radica en una protección externa sino en nuestro crecimiento, en nuestro cambio continuo. 

Y al desprendernos de nuestra coraza, al mostrarnos como somos, es cuando nos volvemos invencibles. 

Así que, recuerda, si te aprieta, te sobra. 

Y si tienes algún comentario o pregunta, escríbeme a la sección de contacto. 

¡Gracias!

A.Luis 

 

 

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AL CARAJO EL ESTRÉS - Cómo deshacer el estrés en cinco minutos

Como tenemos solo 5 minutos, vamos a ir rapidito. 

Primer punto: el estrés no está fuera de ti sino dentro. Esto lo entenderemos mejor con la ayuda del ejemplo inestimable del reguetón:

Aunque basta una dosis moderada (si es que es posible utilizar aquí ese adjetivo) de reguetón a una hora improcedente para "demostrar" que hay causas objetivas de estrés, lo cierto es que no es así. La prueba es que hay seres humanos que se crecen, como las plantas, con el reguetón. A otras gentes el reguetón les parece una música neutral. También hay gentes a las que, para empezar, no les parece una música, y sí un engendro diabólico heteropatriarcal y machista que les nubla el entendimiento...

Pero no olvidemos que otros se alegran y se excitan con lo que a ti te puede parecer aberrante, de manera que el estrés no está en el disco, no.

Lo tienes ahí dentro. 

Segundo punto: el estrés depende de nuestra relación con el pensamiento

Yo puedo pensar barbaridades acerca de algunas personas y de algunas situaciones del mundo, como la pobreza o la contaminación, y esto, ciertamente, afecta a cómo me siento.

Pero, a diferencia de algunos, no creo que sea necesario abstenerse por completo de ver las noticias para mantener un buen estado de ánimo. No.

Creo que no es el pensamiento directamente lo que nos hace sentir sino lo en serio que nos tomemos ese pensamiento. La relación que establezcamos con él. 

Por eso puedes echar un vistazo a la situación del mundo, sentirte mal, y luego recordar que eso no es lo único que existe, que cada día a cada momento, suceden cosas maravillosas de las que no se ocupan los medios de comunicación. 

Esa es tu manera de equilibrar la situación.. La vida es mucho más de lo que sucede dentro de tu pensamiento. Y aunque todas tus ideas sean de lo más pesimista en este momento, saber que hay una luz más allá de tus pensamientos, te pone los pies en el suelo. 

Lo mismo sucede cuando nos dejamos arrastrar por el enojo, nos enfadamos o nos entristecemos. Saber que solo estamos reaccionando al pensamiento y tomar cierta distancia (entender que pensamiento no es igual a realidad), nos saca del círculo vicioso del estrés. 

Tercer punto: estás diseñado para llegar de forma natural al bienestar

El punto álgido del estrés, su malestar, es como el centrifugado de una lavadora. No tiene sentido abrirla y sacar la ropa en ese momento. Es mejor dejarla y ocuparse en otra cosa.

Del mismo modo, cuando nos sentimos estresados, no tiene ninguna lógica empezar a pensar o intentar cambiar el pensamiento. Es mucho más útil dedicarse a cualquier otra cosa y confiar en que, si lo dejamos solo, el proceso del pensamiento aclarará nuestras ideas. 

Como las lavadoras, si dejamos que el proceso de lavado siga su curso, se aclararán nuestras dudas y saldremos limpios y relucientes de cualquier situación "estresante".

Gracias por leer. 

Un abrazo y escríbeme si tienes alguna pregunta o algún comentario. 

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UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Este es el único tiempo posible, el tiempo perfecto del Ahora, aunque muchas veces parezca todo lo contrario y creamos que cualquier otro tiempo, pasado o futuro, sería mejor. 

Mientras vivimos transitamos por la ilusión del tiempo, pegados a su atracción. Es la fuerza de gravedad que nos hace inclinarnos con el peso de los años y los recuerdos... Pero es posible acceder a un espacio en el que sus leyes no nos afectan. Podemos catapultarnos al espacio de gravedad cero del Ahora en el que todo sucede por vez primera y la vida se abre ante nuestros ojos como un regalo fresco, da igual lo que contenga, hiel o miel. 

Podemos recuperar la sensación de flotar que tenían nuestros primeros pasos en el jardín de la vida, regresar a un lugar donde ya no escuchamos más historias ni más comparaciones, solo la brisa del presente. Solo el calor del sol en la piel y el tacto de la luz en la yema de los dedos.

Cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, es una nueva oportunidad. Un empezar de cero. No lo malgastes. Olvídalo todo. Zambúllete de cabeza en el presente. 

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ENCABRONADO Y UNO CON EL UNIVERSO

De manera que crees que una vez que te ilumines, alcances el nirvana, seas la encarnación de los Tres Principios, te autorrealices, tengas un insight, descubras tu verdadera naturaleza, entiendas que eres Amor... no te vas a enojar más, ¿verdad? 

Y la vida fluirá como una corriente mansa cargada de Abundancia y Comprensión. Y sonreirás magnánimo (y un poco crecidito, todo hay que decirlo), ante la ignorancia y la inocencia de tus semejantes que andan perdidos en sus propias batallas y en su horrible confusión presto siempre a echarles una mano, darles un consejo, servir de luz a los que aún andan perdidos... 

Pues siento decirte que por mucho que llegues a iluminarte siempre habrá momentos en que sufrirás apagones tan grandes que se te olvidará todo lo que ahora crees que sabes. Te enojarás, te encabronarás, gritarás, llorarás... y luego, luego quizá venga un momento Ommm, o un momento de risa por ver que has vuelto a caer en la trampa en la que tantas veces has caído. Y eso no te hará menos espiritual, sino más, porque te enseñará en tus propias carnes ese vínculo común que tienes con el resto del género humano. El ser presa de tus pensamientos. El creerte tus propias historias y luego echarle la culpa precisamente a un personaje cualquiera de esa película que estás viendo ahora mismo. 

Porque tu mente es Netflix, ni más ni menos. Todo tipo de entretenimiento para el fin de semana y para el resto de los días. 24/7, como les gusta decir a los anglosajones. Y para que la película entretenga de verdad el primer paso es olvidarte de que es una película. Reír y llorar con ella. Y de eso no te va a librar nadie. Ni el mismo Mandrake con todo su poder. 

Lo bueno es que podrás desconectar antes, secarte las lágrimas, calmarte, y, si te apetece, cambiar de canal, sabiendo como sabes, que hay algo más allá de esa película. Y que The End nunca es el fin. Solo el principio... 

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PARA VIVIR

Para vivir, para empezar a ver las infinitas posibilidades que tenemos, aun cuando en este momento no veamos absolutamente ninguna, lo primero que podemos hacer es quitarnos la venda del sueño. Despertar del miedo.

Al apartar la atención del miedo, del problema, es cuando surge la solución.

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¡MÁS MAGIA!

A LA CUENTA DE TRES, DESPERTARÁS!

Estás convencido de que eres “alguien”. De que tienes una personalidad fija. Y un problema. Quieres encontrar la solución, pero has decidido que eres justo la clase de persona que no puede encontrarla. Eso sí, “lo intentas”, una y otra vez...

Es exactamente lo mismo que sucede con la hipnosis. Te dicen que no puedes levantar un brazo, y sucede algo curioso. Como no estás, ni mucho menos, dormido, sino en un estado bastante normal, y te parece absurdo eso de “tu brazo pesa como el plomo, no puedes alzarlo”, en seguida piensas: “¡Ahora verás como sí!”. Y haces un esfuerzo. ¡Un esfuerzo tremendo! Que no sirve para nada. Efectivamente, ¡tu brazo pesa como el plomo!

No te das cuenta de que tu subconsciente le está siguiendo el juego a la voz que dice que no puedes. De manera que lo único que estás haciendo es pelear contra ti mismo, reforzar esa creencia de que no puedes alzarlo, mientras tratas con “todas tus fuerzas” (eso es lo que tú crees) de levantarlo.

Esa es exactamente la clase de trance en la que vivimos. Cuando, por ejemplo, decimos que queremos dejar el tabaco y que lo estamos intentando, pero “no podemos”. Primero te has convencido de que dejarlo es imposible, o al menos de que te va a costar muchísimo trabajo, y luego, lo “intentas”. Lo intentas para sentirte bien contigo, no porque de verdad creas que puedes dejarlo. Si lo creyeras, no haría ninguna falta que te esforzaras. Lo soltarías, lo dejarías caer de tu vida, como has hecho con tantas cosas hasta ahora…

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